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Fútbol; Un premio a la solidaridad El equipo de Antonio Calderón rayó a gran altura en defensa y tuvo capacidad de reacción para empatar al final La Cruz de El Alcoraz fue el perfecto escudo del Huesca en Tarragona, donde el equipo sacó un jugoso empate merced a su disciplina, entrega y trabajo estajanovista y una solidaridad a prueba de todas las adversidades. NÁSTIC 1 S.D. HUESCA 1 Nástic: Rubén Pérez, Campano, Cherfa, Redondo, Arpón (Víctor, minuto 60), Mairata, Moisés (Gibanel, minuto 85), David Bouzá, Jandro (Jordi Alba, minuto 70), Pepe Diop y Tortolero. S.D. Huesca: Eduardo, Edu Roldán, Corona, Chechu Dorado, Camacho (Vegar, minuto 81), Erice, Sastre, Lalo (Vara, minuto 64), Roberto, Rubén Castro y Rodri (Ripa, minuto 74). ÁRBITRO: Pérez Riverol (Colegio Tinerfeño), ayudado por Vázquez Fernández y Zancada Lobato. Amonestó a los locales Diop (15) y Moisés (83) y a los visitantes Roberto (70) y Erice (88). Expulsó al preparador físico del Tarragona (80). No se arrugó, buen arbitraje y sin aspavientos. GOLES: 1-0 Minuto 77: Redondo.1-1 Minuto 86: Roberto. INCIDENCIAS: Tarde calurosa, terreno de juego excelente y ruidosa presencia de unos 300 seguidores azulgrana en el Nou Estadi, con la Peña Fenómenos Oscenses y Pim Pom Fuera, al frente de las operaciones y 7.450 espectadores a los que dejaron mudos. El Huesca lució el segundo uniforme con medias blancas, pantalón azul y camiseta blanca con la cruz de San Jorge. Sólo por eso, y porque se hicieron los mismos méritos que el rival, el equipo de Calderón merecía seguir sin conocer la derrota en la liga, porque la falta de profundidad en ataque la solucionó Roberto cuando peor pintaba y el Tarragona acariciaba los tres puntos. Pero César Ferrando cambió a Moisés para meter a Gibanel y ese mensaje, con el golazo de Redondo como único guarismo del marcador, lanzó un aviso de precaución a sus pupilos que catapultó al Huesca hacia el empate, dejando a los locales haciendo cábalas y maldiciendo el mal fario que le azota en los minutos finales. Fue el premio al generoso esfuerzo de un grupo de jugadores unido y sin fisuras en pos de una idea y de unas consignas a los que sólo les faltó algo más de confianza para estirarse en ataque y algo de atrevimiento para tocar y aguantar la posesión ante un rival que se descomponía cada vez que el Huesca triangulaba. Pero el fútbol marca estas pautas para lograr puntos, aunque en otra ocasión, y con algo menos de fortuna, te vas con el mismo esfuerzo pero distinto castigos. Y no sabe igual. No deparó sorpresas el once inicial de Calderón, que apostó por los mismos hombres que iniciaron la liga en El Alcoraz y el conocido 4-4-2 para entrar con aplomo y cautela en el partido. En el Tarragona, con el 4-1-4-1, todo se centraba en buscar al fornido Moisés en el ataque, con un juego aéreo que supieron controlar perfectamente los centrales Corona y Dorado. Desactivada la estrategia, el trabajo de contención, disciplina y solidaridad funcionaba a las mil maravillas, pero después, cuando se recuperaba la posesión, el esférico duraba muy poco en las botas de los oscenses, que en un par de ocasiones hilvaron bien el juego y se plantaron ante Rubén Pérez. En la primera, la triangulación entre Lalo y Sastre permitió al balear ganar la línea de fondo, pero su pase no lo llegó a rematar Roberto, mitad empujado y mitad molestado por la zaga en el área pequeña. El paso de los minutos solidificó el planteamiento del Huesca, que no lograba enlazar con sus puntas Roberto y Rubén y probó con lanzamientos lejanos de Sastre y Rodri, Por otro lado, provocó las primeras críticas del público local, que sólo se levantó de sus asientos en un par de latigazos esporádicos, producto de incorporaciones por sorpresa de Campano por la banda derecha y la llegada de Diop, que puso a prueba los guantes de Eduardo con un duro disparo. Poco bagaje para desnivelar la balanza en un primer tiempo de mayor control local y escasas ocasiones. La segunda parte arrancó con dos grandes oportunidades para el Huesca. Un disparo de Roberto desde la frontal lo mandó a córner Rubén en espléndida estirada y a la salida del saque de esquina Dorado estuvo a punto de marcar, pero el meta estuvo de nuevo felino y se anticipó a Rubén Castro. Fueron dos avisos que contuvieron el ímpetu del Tarragona, que con los cambios se revitalizó pero siguió sin profundidad hasta que se encontró con una colada de Campano por la izquierda. El Huesca tenía el partido donde quería, pero el balón llegó a Redondo que la metió por la escuadra. Todo parecía sentenciado, en una reedición de lo que le ha pasado al Huesca hasta la fecha. Pero a Ferrando le entró el pánico y quitó a Moisés para que Gibanel impusiera su oficio en los minutos finales. El Huesca metió a Ripa, Vara y Vegar, olió el miedo y Roberto provocó el delirio en la marea azulgrana desplazada a Tarragona. Textos extraidos del diario digital:www.delaltoaragon.es
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